La Falacia de la Ironía

¿Cómo debería de empezar un ensayo, artículo, documento o lo que sea que hable de la ironía? ¿Con una ironía?

Lastima que ya no lo hice. O quizás si.

Puede ser que no haya sabido como empezar este pequeño ensayo y entonces escribí lo primero que se me vino a la cabeza. O puede ser que, riéndome de los ensayos y artículos que empiezan, todos iguales, ninguno original, con una anécdota o una introducción sobre lo que la ironía es, haya preferido escribir una pregunta que no se sostiene… a menos que haya querido hacerla como una ironía. Pero tampoco tiene mucho sentido, ahora que lo pienso, explicar, si es que realmente fue una ironía, que empecé como empecé porque soy irónico y mi intención siempre fue empezar con una ironía y nada de lo que escrito lo he escrito al azar.

Todo perdería sentido.

O ganaría, si lo que quisiera fuese escribir algo sin sentido, que no se sostiene por si mismo y que no es más que un circulo que vuelve y vuelve sobre sí y plantea todo como una estupidez pero deja abierta la puerta para que el lector piense que todo es a propósito y que en verdad todo tiene un sentido.

Quizás, piense mi querido lector después de leer y releer lo anterior, que todo es una “tomadura de pelo” y no es mi intención (y quizás nunca lo fue) escribir un artículo sobre la ironía. Podría conjeturar luego el mismo despierto lector que todo es un nudo hecho a propósito para molestarlo y reírse de él. Porque quiéralo o no, señor mío (o señora mía), usted ha estado por lo menos medio minuto, o talvez menos si es usted muy despierto, pensando y musitando mentalmente todas y cada una de las palabras que he ido escribiendo. Y aunque usted no haya querido, por algún tiempo ha pensando únicamente en lo que yo he querido que piense.

Pero no se preocupe porque probablemente el autor no quiso de modo alguno escribir irónicamente. Y si lo quiso, no fue una ironía sutil. Para nada. ¿No es acaso sutil la ironía que no se ve, que es perceptible por algunas pocas cabezas que van un poco más lejos que las cabezas normales?

En cambio la ironía de frente, explicita, poco elegante, ¿qué gracia tiene? A menos que, de nuevo, sea tan bien hecha que haga reír y hasta entretenerse a quienes son objetos de la burla, en este caso usted señor, y agrade de tal modo que aunque se saben burlados no pueden sino reconocer que el burlador es un gran tipo, ocurrente y hasta simpatiquillo. Quizás lo imaginen mientras escribe, con una sonrisa constante en la boca, pensando en los pobres lectores, aunque es verdad que quizás nunca nadie lo lea.

Así que, si todo el sin sentido ha sido a propósito, por lo menos no ha sido una ironía sutil.

 

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